Pornografía infantil: fiscalía ha recibido 459 denuncias desde el 2016
Lima
- Perú.- (Lourdes Fernández Calvo - Fuente: El Comercio) "En la calle a los niños los
pueden secuestrar, extorsionar y violar cuando andan solos. En el mundo de
Internet pasa lo mismo, se conectan, los seducen y se acabó”, afirma el coronel
Raúl Alfaro, quien está al mando de la División de Alta Tecnología de la
Policía Nacional (Divindat).
El peligro al que se refiere Alfaro se
explica con una cifra: 152. Ese es el número de denuncias que ha recibido su
división, desde el 2016 hasta julio de este año, por el delito
de pornografía infantil. Es decir, casos en los que niños y adolescentes
han sido explotados sexualmente a través de fotos o videos que luego han sido
comercializados. El peligro es real y los niños no lo saben. Aunque la
mayoría de menores que caen en las redes de pedófilos son adolescentes, la
policía y la fiscalía ha encontrado casos con víctimas de hasta 5 años. Llegar
a ellos, así como en la calle, no es tan difícil.

Incluso, graban la violación para
luego compartirla o comercializarla. Esto puede suceder, según la policía, en
apenas una semana.
“Antes esto lo hacían por computadora,
pero ahora es a través del teléfono inteligente, del celular, lo que les da
independencia tanto a la víctima como al explotador. No hay filtros y
difícilmente los padres pueden percatarse de lo que pasa”, precisa Ricardo
Valdés, director ejecutivo de la ONG CHS Alternativo.
Esta modalidad complica más la
identificación de las redes de pederastas y, por lo tanto, la captura de las
organizaciones criminales. “¿Cómo identificamos al cabecilla de la banda si
cualquiera puede administrar esos chats?”, comenta un investigador de la
fiscalía.
¿Son los consumidores
de pornografía infantil violadores en potencia? Según la psicóloga
clínica Lourdes López, estas conductas podrían ser el paso previo a una
violación sexual, pero no se ha establecido que siempre sea así.
“Quienes disfrutan de
la pornografía infantil sufren de un trastorno de personalidad que es
muy difícil de identificar”, alerta.
Lo que sí es más factible reconocer es
a las posibles víctimas: los niños desprotegidos y que temen hablar.
Pero la policía se queda corta. Las
denuncias recibidas por la fiscalía en el mismo período sobrepasan cualquier
proyección: 459 [ver infografía].
Pese a que las denuncias aumentan, las
detenciones por este delito siguen siendo mínimas. “Son ciberdelincuentes, no
es fácil seguir sus huellas”, reconoce Alfaro. Por ello, la policía, así como
en la calle, ahora realiza el ciberpatrullaje, una especie de vigilancia a
través de las redes sociales, como Facebook, y de páginas webs que ofrecen
pornografía, para poder capturar a quienes están detrás de las computadoras o
celulares.
Así es como en julio último, luego de
cinco meses de investigación, desbarataron una red internacional que compartía
fotos y videos de pornografía infantil a través de WhatsApp. Hubo 33
detenidos solo en el Perú. Lo que no hubo fueron víctimas identificadas o
rescatadas.
El chat oculto
Los pedófilos se crean cuentas falsas
de Facebook y envían solicitudes de amistad a grupos de menores que encuentren
en la red. Luego, a través del ‘grooming’ (se hacen pasar por menores para
obtener fotos o videos íntimos), seducen a los niños, obtienen el material
pornográfico y después los extorsionan para poder abusar de ellos.
La red por la cual suelen compartir el
material pornográfico es el WhatsApp. Se crean grupos de chat donde los
pedófilos deben pagar por ser incluidos y tienen la obligación de compartir
videos o imágenes de menores. Si no lo hacen, los eliminan del grupo.
Adultos en alerta
¿Son los consumidores
de pornografía infantil violadores en potencia? Según la psicóloga
clínica Lourdes López, estas conductas podrían ser el paso previo a una
violación sexual, pero no se ha establecido que siempre sea así.
“Quienes disfrutan de
la pornografía infantil sufren de un trastorno de personalidad que es
muy difícil de identificar”, alerta.
Lo que sí es más factible reconocer es
a las posibles víctimas: los niños desprotegidos y que temen hablar.