Colombia: Turismo Sexual Infantil. Un drama alimentado por la violencia
Pero Colombia lleva décadas envuelta en un conflicto civil en el que las fuerzas armadas están casi que permanentemente enfrentadas a grupos armados irregulares de izquierda y de derecha en una gran parte del territorio nacional. Además de esto, el narcotráfico es otro problema que golpea a la sociedad colombiana.
Como consecuencia de lo primero, el conflicto civil ha provocado el desplazamiento de miles de familias del campo a la ciudad. Una situación humanitaria que se convierte en fuente que alimenta el fenómeno del turismo sexual con menores.
"Las familias que llegan a las ciudades tienen muchas dificultades para interactuar e incorporarse a su nuevo ambiente", dijo a BBC Mundo Luz Estela Cárdenas, directora de la Fundación Renacer, una organización que vela por los niños víctimas de la explotación sexual en Colombia.
"No encuentran ubicación física ni empleo y éstas necesidades son obviamente aprovechadas por otros que empiezan a sonsacar a los niños para ponerlos a trabajar en este mercado", continuó.
Deterioro de valores
"Hay de todo; botones de hoteles, taxistas, vendedores de comida ambulante, señoras en discotecas que se acercan a ofrecer sexo con menores", añade la trabajadora social.
"Hay mucha gente involucrada de manera informal en las distintas ciudades que hacen el papel de intermediarios entre los niños y los visitantes", concluyó.
Turismo de doble filo
El gobierno le ha propinado duros golpes a los rebeldes de izquierda, mientras que implementó un plan de desmovilización de los paramilitares de derecha, al tiempo que ha extraditado a varios capos de las drogas.
Irónicamente, el turismo sexual con menores también se ha estimulado. "Tenemos mucho más movimiento y llegada de extranjeros, que es bueno para la economía del país, el país lo necesita. Pero, a la vez, Colombia está siendo vista por turistas sexuales como una oportunidad donde pueden realizar sus actividades", señala la directora de Renacer.
Una de las fallas en el combate contra el turismo sexual infantil es que el abusador pocas veces es castigado por la ley. Quien paga muchas veces suele ser el (o la) menor y el proxeneta, si se logra identificar su responsabilidad en el asunto.
Otro problema particular de Colombia es que la edad de consentimiento para relaciones sexuales es de 14 años. Así que, sí los menores no denuncian a los clientes (y pocos suelen hacerlo), no es muy probable que se pueda probar abuso, explotación o prostitución.
No obstante, Luz Estela Cárdenas dice que se acaba de aprobar una ley para castigar más fuertemente a quienes promuevan esas actividades y la policía está haciendo esfuerzos adicionales para reprimir el turismo sexual con menores.
Han iniciado, además, una campaña para involucrar al sector de turismo legítimo para que tome más conciencia de lo que sucede en su ámbito, combata activamente esas actividades y alerte a las autoridades.
Al rescate de las víctimas
El número de niños que prestan servicios a los turistas sexuales va en aumento en Cartagena, donde el fenómeno ha invadido comunidades enteras.
¿Por qué se está agudizando este problema?
Incluyo la falta de orientación, de educación. La falta de autoestima del menor que se considera, por tanto maltratado, que no vale nada. También el consumismo -el tener y consumir y comprar artículos como una forma de mantener estatus en la sociedad. Y, obviamente, la pobreza, aunque no es determinante. Todos combinados hacen que los niños y niñas lleguen a una situación de explotación sexual.
¿Cómo identifican a los menores que están involucrados en esta actividad?
Aquí en Cartagena es muy fácil para un turista acceder a un niño o a una niña, porque lo único que tiene que hacer es solicitarlo o que alguien se lo ofrezca. Pueden ser una persona de la misma familia, de la comunidad, u otros que actúan como operadores turísticos informales. Es posible que una persona desprevenida no se de cuenta de lo que está pasando, pero los que conocemos esto vemos cómo se da el intercambio.
¿Cuál es la actitud de las comunidades y los hogares de estos menores?
Hemos hablado, por ejemplo, con la familia de una niña que nos contó que después del colegio sale hasta altas horas de la noche, que el señor de la tienda la está tocando o la está manipulando y que a cambio de eso le da la libra de arroz o el aceite o las verduras. Y de la señora recibimos la respuesta: 'Eso lo sé, pero ella es la bandida, ella es la que se deja tocar'.
O actitudes que terminan culpando a la niña de su misma situación, como 'ella es la que se pone ropa corta, la que le coquetea'. Encontramos que si son hombres mayores que manipulan y abusan de los niños, la comunidad termina apoyándolos y culpando al menor por lo sucedido.
¿Qué piensan estos niños de lo que hacen?
Como algunos niños están inmersos en eso desde hace algún tiempo, asumen la actividad como algo normal, que no es una violación de sus derechos y no lo consideran como un delito. Aunque saben en su interior que no les gusta, que los hace sentir vacíos y les da la sensación de minusvalía. Pero mientras no hayan recibido un tratamiento terapéutico lo sienten como algo cotidiano.
¿Qué se hace en la terapia?
Lo primero que hacemos es generar empatía con los niños, generar un ambiente de confianza, que puedan sentirse amados, queridos y comprendidos. Luego los estimulamos a que empiecen a hablar de sus situaciones personales para poder ir ,a través de la atención integral, generando conciencia de que en sus vidas valen, que la explotación sexual es un problema, es un delito, una violación. Es todo un trabajo que se hace a través de la terapia individual.
También hay atención médica porque muchos llegan malnutridos, con enfermedades venéreas, infecciones. Esa es la puerta de entrada para iniciar el proceso de recuperación.
¿Se puede rescatar las vidas de estas víctimas?
No es fácil, ni para nosotros los profesionales que los estamos ayudando, ni para los niños. Yo les digo que son valientes, doblemente valientes, porque pudieron soportar todas las situaciones de dolor y de violencia y porque luego son capaces de enfrentar un proceso terapéutico que implica muchos cambios en sus vidas. Porque si ellos antes hacían lo que querían, ahora les están hablando de normas, valores, haciendo observaciones. Para sanar heridas del pasado hay que hablar de lo que les ha sucedido y eso es muy doloroso. Es un proceso difícil, pero sí se puede.
¿Tiene ejemplos de alguien que se haya superado?
En 20 años que llevamos aquí, son muchos los niños y niñas que han podido salir del problema de explotación sexual. Que se han superado, casado, que han ido a la universidad o han tomado cursos ocupacionales y encontrado trabajando. Vemos los logros y nos permite saber que sí se puede.
Le puedo hablar de una niña que llegó a Cartagena sola, engañada a trabajar en una casa de familia. Ahí empezó a ser maltratada y abusada. Al salir de allí entró en contacto con agentes inductores de la prostitución que le empezaron a mostrar todo ese mundo. La explotaron pero pudimos llevarla al proceso terapéutico. Fue difícil, pero logró progresar. Hizo un curso de orfebrería, se capacitó y ahora hace parte de una empresa creada y construida por ellos mismos. Está encaminada con su aspectos emocionales sanos y con una vida más acorde a su edad. Ya hoy día tiene 18 años y está viviendo su adolescencia como la deben vivir.






























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